La realidad de los pacientes del HRRG.

Lo que te voy a contar será siempre en primera persona, porque lo viví, en estos últimos días. Espero no  llorar y poder relatarlo. Me doy cuenta que cada vez me emociono más fácilmente. No sé si será por la edad, que  a veces, la soledad que desespera, o la suma de todo.

Debo confesar que tal vez para algunos que los escuchen, sea una nimiedad, este relato, pero es la vida misma y a mí me duele.

Todo comenzó el viernes al terminar Noticias en la Red por Radio News, llegó a la cueva y mandó un mensaje para ver cómo estaba mi amigo, que llamaremos de aquí en adelante imaginariamente como Juan.

Algunos minutos después recibo el siguiente texto “estamos en la guardia del hospital…”  Desde aquí comienza esta odisea que describe lo que sufre un ciudadano de a pie en Rio Gallegos, Santa Cruz.

Al llegar al HRRG, me encuentro con una guardia desborda de gente, con cautela, espero mi turno y al llegar a la ventanilla, una muy amable señora me atiende y a los pocos minutos que dice que ir a buscar un familiar de Juan, así ocurre.

Sigo esperando novedades, pasado un tiempo me llama nuevamente, me acerco a la ventanilla y me dice que puedo pasar y me acompaña está dispuesta señora y me lleva dentro de la guardia médica, donde están dispuestas camas, que actúan como centro de atención y observación de los pacientes que allí permanecen.

Ante la situación, que parece que es más compleja que la imaginada, permanezco en el lugar y comienzan a pasar las horas, los recipientes con suero, los calmantes y los controles periódicos.

Comienzo a ver más de cerca el drama, el dolor y la angustia de los familiares que acompañan  a sus enfermos. Veo que hay tres enfermeros dos mujeres y un hombre y algún soporte o responsable más.

También distingo solo dos médicos, uno es un muchacho joven y el otro es un una muchacha, delgada y que sonríe melancólicamente ante el intercambio de miradas con los familiares, o los ocasionales pacientes a los cuales sutura, calma y médica.

Les veo, a estos médicos caras de tener muchas horas de trabajo y dan a entender –esos rostros- que aún les faltan para llegar a las 12 horas que deben cumplir, para cumplir con la guardia.

Casi inadvertidamente, la familiaridad que se empieza generar, con la enfermera, hace que me acerque sin pudor, para avisarle que está por terminar el suero, o que el enfermito se queja de dolor y pode por favor una analgésico.

Cosa que seguramente igual harina, porque recuerda, en qué momento pusieron el anterior, o revisan en sus notas cuando fue el último analgésico.

Increíblemente al comenzar la madrugada empiezo a escuchar, diálogos entre enfermeros y médicos, dado que solo nos separan una raídas cortina de tela,  que no hay más buscapina (un remedio tan básico que es  increíble que falte en la guardia del principal hospital público de la capital de la provincia de Santa Cruz…

No parece termina ahí, las falencias, no solo falta buscapina, sino que solo quedan analgésico suaves, y los más potentes escasean, con lo cual los guardan para otros casos.

Los síntomas del drama del sistema público de la salud santacruceña me estaban estallando en la cara. No era solo el estado del edificio que uno intenta pasar por alto la falta de inversión que se observa, sino que todo es más profundo.

Vuelvo a lo que pasaba con Juan, aparece el médico indicando que el estudio por imágenes que se había realizado a mi amigo Juan, había una imagen que necesitaba ser vista por un cirujano. Seguía en tanto con tratamientos con una vía endovenosa con medicación y una sonda de drenaje nasal.

Pasaban las horas, el dolor aumentaba y nada avanzaba, el dolor y el sufrimiento aumentaban con el avance de la madrugada. No sé bien porque, a la noche todo toma otra dimensión, se me ocurre caprichosamente que se potencia.

Voy impelido con urgencia por primera vez al baño, al intentar cerrar la puerta me doy cuenta que nada funciona bien, la luz es tan mínima que nada se ve, hay solo agua de un grifo, sale agua hirviendo, la fría no sale nada, la mochila del inodoro carece de tapa y debo meter la mano para tocar el flotante y liberar algo de agua, obvio al intentar secarme las manos no hay no toallas de papel, ni nada por el estilo.

¿Qué pregunto cuánto vale una tapa de plástico y tener toallas de papel? Algo sale, pero es posible que el baño esté en esas condiciones, seguramente sospeche, la desidia no tiene precio tampoco.

Vale decir que estoy siempre dentro del sector crítico de la guardia, la actividad por momentos es frenética y de golpe se detiene por completo, las enfermeras, los enfermeros, los escasos médicos que hacen, hacen los que pueden y cómo pueden, el sistema hospitalarios de Santa Cruz, Se los devora literalmente. A veces para los enfermitos, no alcanza con una sonrisa o una queja silenciosa de uno de ellos que hablan en voz alta dicen que hacen lo humanamente posible, realmente se nota, pero no son magos, sencillamente son héroes silenciosos que cobran tarde y encima dos mangos con cincuenta.

Me queda claro, que en la guardia, o en internación, o en quirófano, no hay paros ni retención de servicios, no pueden, me dice una enfermera, no podemos, hay que seguir trabajando a como dé lugar porque no se pueden abandonar a la gente.

Me imagino sin decirle a la enfermera, que hacía unas horas en el programa había leído que la paritaria de salud con el gobierno había sido tan pobre, que ni siquiera estuvo presente el ministro de salud y que además les habían dicho a los representantes de APROSA y otros gremios, que no tenían nada para ofrecerles para mejorar los magros sueldos que reciben.

Me vengo a enterar que personas técnicas que cumple rol en los quirófanos o enfermeras especializadas no superan los 23 mil pesos de bolsillo ¿Puede alguien mantener una familia con ese monto en Río Gallegos?

Pensé inmediatamente en los jubilados profesionales y con título universitario, hablo, en primera persona que ni siquiera alcanzamos ese valor, claro pensé, no todos pueden ser tan austeros, rayanos casi como un faquir para sobrevivir, sigo con el relato.

Entra ya la madrugada el médico de guardia me dirá que en unos minutos viene el cirujano de guardia. Vale decir que eso ocurrirá varias horas después.

Entre tanto el diálogo con las enfermeras es fluido y me doy cuenta por una frase de algo que me empieza a explicar lo que ahí ocurre, ”hacemos lo que podemos”…

Todo está tan mal en el sistema público de salud de Santa Cruz, que no es solo cuestión de pintura descascarada o raída, abandono de casi todo, está prácticamente abandonado o roto todo lo que se mire y se ve en el HRRG, donde hasta el tema de limpieza o la falta de sabanas, fundas es más que notoria, vi personalmente pacientes sobre el colchón y tapados con una frazada muy fina y desgastada por el uso.

Aparecen cerca de las 3 y media de la madrugada  y dicen directamente que hay que intervenir quirúrgicamente –son el médico de guardia acompañado del cirujano, único de guardia, que habían dicho horas antes que en minutos llegaría- pero ahí no termina la historia, hay una urgencia por un accidentado que es prioridad, así es que habrá que esperar, ese paciente está primero.

Siguen pasando las horas, que solo se interrumpen con el pedido a las enfermeras de analgésicos y ahí nuevamente me dicen es imposible que solo 3 enfermeros controlen esta demanda con carencias que van desde remedios básicos, guantes muchas veces, o lo que sea.

No está lo que debería, solo hay lo imprescindible y con el signo menos incluido.

La madrugada pasa y viene de repente un anticipo de malos augurios, el médico de guardia dice que se debe posponer la cirugía de urgencia de mi amigo Juan, dado que solo hay un cirujano de guardia y que cuando complete nuevamente el equipo de cirugía lo subirán al quirófano.

Sigue transcurriendo la madrugada y comienza a clarear, amanece, me fatiga el ver tanto dolor y me abruma la espera, pienso que se había internado mi amigo a las seis de la tarde del viernes y eran las seis de la mañana y nada, habían transcurrido 12 horas de espera.

No puedo romper la línea de tiempo, pero la acelerare. Recién en el cambio de guardia enfermeros, pero no de médicos, a las 08,30 aproximadamente llegaría una camilla y se indicaba que iría finalmente al quirófano. Habían transcurrido casi 15 horas.

Para el traslado aparece un joven solo con la camilla con lo cual pruebo mis dotes de ayudante de camillero ante la solicitud del pedido de colaboración que me hace.

Antes en el cambio de guardia se podía escuchar la falta de algunos elementos que se pasaban como novedad, además incluso que no sabían cuando cobrarán el sueldo dado que ya era 1 de diciembre.

Me preguntaba, que puede estar mal, si según Alicia Kirchner, en Santa Cruz, todo estaba más que bien.

Vendrán luego largas horas de incertidumbre y espera frente a la puerta de cirugía, hasta que se confirma que finalizó la operación y lo trasladaban a una habitación en el sector de cirugía, con lo cual comienza la segunda etapa.

Me siento paranoico por momentos, no debería estar brindando tantos detalles, imagino algún funcionario, de los que me han atacado en redes sociales, pudiera tomar alguna medida contra mi amigo, me rio para adentro, pero un segundo después, pienso, tristemente hay algunos fundamentalista muy capaces de descargar su locura con un paciente.

Si fue violento con mi persona en redes sociales y sabiendo que podía ser identificado como funcionario del ministerio de salud, no tuvo empacho, siguió igual amenazante, pensé para auto tranquilizarme quizás no está más.

Algo absolutamente menor, pero para los que pasan horas, días y hasta semanas es un problema más. Las habitaciones antes, los cables muestran que supo haber un servicio, solían tener televisor de renta, ya no existe tal alternativa.

Les permiten llevar propios, pero las señales que reciben son solo son dos de baja calidad en todos los aspectos, técnicos y de programación, el único tv que observe en una habitación, no se veía prácticamente nada era solo la idea de la compañía. Porque, les aseguro que mirar el techo durante las 24 horas del día, no es sencillo. Algunos pacientes apoyan sus rostros sobre las almohadas desnudas, y cada tanto se escuchan en los pasillos, “no hay fundas, faltan cubrecamas, hay que cuidar las sabanas quedan pocas” etc…etc…

Al ir al baño de la habitación me doy cuenta que faltan o se han caído por completo los azulejos y el panorama del baño es de total descuido y abandono, Hay que citar que durante el día con más de 20 grados de temperatura nadie limpio, ni retiraro los residuos biológicos que se fueron depositando en el cesto del baño, la imagen es preocupante.

La situación se vuelve a repetir, ahora son nuevamente tres enfermeros para una importante cantidad de pacientes y salvo el cirujano que hizo una recorrida, nadie más (habló de médico) vino a ver pacientes al menos en ese sector.

Pensé en mi ingenuidad, será porque es domingo?   

Vuelvo a usar el baño, pero en este caso en uno de los que están en segundo piso al finalizar un extenso corredor de este HRRG, aquí la desazón fue total, el abandono hace ver que ningún sanitario funciona adecuadamente, el único lavatorio chorrea agua en forma constante, las canillas no cierran, y el óxido hace ver que esto no es nuevo, todo indica que hace mucho tiempo que corre el agua incontrolablemente.

Y otra vez la falta de limpieza es notoria, se ve esporádicamente una o dos personas con carros, pero el piso, todo lo que se ve y toca dicen lo contrario, me pregunto ¿Le estarán pagando a la empresa que debería hacer la limpieza?

En un momento unos gritos en el pasillo, un integrante de la comunidad gitana grita a viva voz –nunca supe porque- y en vano dos mujeres una de vigilancia privada y otra de la policía de la provincia, lo percibían que no debía hacer desorden, que había gente con dolores y necesitan paz, silencio tranquilidad.

Al rato me anoticio por el testimonio de una de las enfermeras, que dice “siempre hay problemas de este tipo, y la inseguridad también está presente en el HRRG a mi compañera hace unos días le robaron la cartera completa y más tarde apareció en un baño de la plata baja, vacía y tirados algunos de los documentos, yo vengo sin nada, se ríe levemente, igual no tengo nada, solo el telefono y mis llaves, toma su jeringa y el suero recambiado y se va silenciosamente.

Las anécdotas son tantas que debería dedicar varios programas al drama del HRRG, solo funcionan dos quirófanos me dicen, y no logran jamás armar más de dos equipos simultáneos, salvo cuando vienen médicos desde Bs As que como facturan y son conocidos de los directivos, activan cirugías a sus tiempos, que perfectamente se podrían programar y tener más relajado el tema de urgencias, bueno esto no ocurre aquí también, hacen lo que quieren.

Muchas son la necesidades insatisfechas, desde falta de remedios, carencia de instrumental básico, de condiciones dignas para cumplir, nada más y nada menos que el servicio de salud, sueldos paupérrimos y lo más grave, desprecio absoluto por la gente que trabaja en el hospital RRG.

Tendría mucho más para contar, pero imagino que este extenso relato puede agobiar, solo hay que pensar que esto me paso y lo viví por mi amigo imaginario Juan y a su familia.

Mientras no le toque a alguno de ustedes, el ex fpv seguirá sacando el 30% de los votos y continuará gobernando, culpando siempre al otro.

Me fui con la idea que enfermeros, técnicos, médicos hacen lo que pueden y cómo pueden, algunos lograr superar el tema y otros tantos quedan en el camino.

Ahhh cuando me iba cambie de ruta y vi en una de las puertas del HRRG había un acampe de indigentes con colchones, frazadas derruidas, ropa y hasta inclusive los perros. Me fui pateando piedritas y pensando que a pesar de lo que dice el gobernador Alicia Kirchner, Santa Cruz no está bien de salud.

Por lo tanto, solo queda decir que estamos en manos de Dios…  

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