En Santa Cruz, apremia mejorar jubilaciones y salarios, que fueron devorados por la inflación…

Puede resultar insistente la idea que la política está liderando todo en la situación que vive el país, y que desemboca en la fragilidad de la economía y por consiguiente afecta la gobernabilidad.

Algunos hablan de otro tipo de preponderancia, y anteponen la economía sobre todo, pero en último fallo de la CSJN, dejó sentado que la política y su oportunidad cuentan y mucho…

El plan temporal de la quita del IVA en alimentos de la canasta básica y otros medidas marcadas por DNU del gobierno nacional, dejaron claro que la corporación política, ya sea judicial o de gobernadores, tienen el poder como para torcer cualquier iniciativa que vaya contra el exceso de impuestos que gravan todo lo que podría facilitar el crecimiento y el desarrollo del país…

Cada vez que este, u otro gobierno intente disminuir alguno de los impuestos que está coparticipados con las provincias, los gobernadores del pj, pegaran el grito en el cielo y se amparan en la medida cautelar de la CSJN, y por más absurdo que resulte, ningún disminución impositiva será viable, si la corporación de gobernadores levante o baje el pulgar conforme a su gusto.

Atrás quedaran los pactos fiscales que les permitieron a esta mismas provincias que fueron a reclamar por la quita del IVA para ayudar a los más pobres, que lograron enjugar el déficit que tenían y pasar al superávit, que jamás habían logrado en ninguno de los gobiernos de CF, donde estaban sometidos a la chequera del gobierno k de turno.

Todo parece haber cambiado, lo que antes fue virtud, con Macri, ahora se transformó por la campaña política en defensa, ¿nadie se pregunta cómo se pudo hace un par de años suscribir un pacto federal entre los gobernadores y el gobierno de cambiemos, y ahora judicializar algo que no debería haber llegado nunca a esta instancia, donde se roza, la intromisión de un poder a otro y que rebusca el fallo diciendo, no está mal la quita del iva para los alimentos, pero el que paga el Estado nacional, las provincias, deben seguir administrando su política clientelar, sin que nadie los moleste.

Conforme el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que consiste en un seguimiento sistemático de los principales pronósticos macroeconómicos de corto y mediano plazo que habitualmente realizan analistas especializados, locales y extranjeros, sobre la evolución de variables seleccionadas de la economía Argentina que recopila el Banco Central de la República Argentina.

Para este último informe, se contemplaron los pronósticos de 45 participantes (6 más que en la anterior ocasión), entre los cuales se cuentan 27 consultoras y centros de investigación locales, 13 entidades financieras de Argentina y 5 analistas extranjeros.

Una de las primeras conclusiones, es que en el mes de septiembre la mayoría de las previsiones de los analistas del mercado para el nivel general de inflación para los próximos 12 meses se ubicó en 48,0%.

Los especialistas estiman que la inflación de septiembre habría sido de 5,8% mensual, una tasa de variación superior a la registrada en promedio durante los primeros ocho meses del año (3,3% mensual).

Y para octubre los participantes del REM esperan una tasa de inflación de 4,4% mensual, previendo que se retome una trayectoria descendente, alcanzando 3,6% mensual en diciembre de 2019 y 3,3% en febrero y marzo de 2020.

Pero volviendo a este año, es decir para el año 2019, los participantes del REM estiman la inflación nivel general en 54,9% y además prevén una variación del Producto Interno Bruto (PIB) real para 2019 de -2,9%. A su vez, adelantándose informan que en 2020 la actividad económica se contraería un -1,5%.

Dicho esto, tal vez, habría que recordar, para qué saber a dónde estamos parados, que «Los aumentos de los salarios no son la causa, sino en realidad, la consecuencia de la inflación»

Entonces cabría preguntarse, ¿Quién genera el aumento de los precios en el Mercado y bajo qué mecanismo lo hace?

En lo concreto e inmediato, la Inflación que hoy sufre la Argentina – una Inflación que, según textos, se define como el aumento sostenido y generalizado de los precios de bienes y servicios en la Economía – podría estar provocada por tres factores principales:

-La remarcación impune de precios por parte de las empresas a través de toda la cadena de valor y/o comercialización, fundamentalmente determinadas por los grandes grupos económico-financieros que controlan la formación de los precios sectoriales.

-El aumento de precios y tarifas de Servicios Públicos que establece el gobierno nacional y los provinciales y que se transfieren al sistema de precios, de modo que el ciudadano recibe el peso de tales aumentos en forma directa como usuario y en forma indirecta por el traslado a precios que efectúan las empresas.

– y el aumento de la Presión Tributaria del Estado – Nacional, Provincial y Municipal – además de los recargos que se producen por medio de todo el mecanismo de gastos por trámites administrativos, aranceles, sellados, intereses, recargos, multas, etc. Y que también, aunque no se vea, se terminan trasladando a los precios.

Éstas podrían ser algunas, de las causas identificables que determinan la Inflación; que luego se retroalimentan por la irregularidad entre precios y salarios en el marco del proceso de distorsión de precios relativos, que estorba la estabilidad de los precios.

Además es pertinente, indicar que existirían otros tres componentes inflacionarios que son de naturaleza específicamente financiera:

-El denominado pass-through (efecto transmisión) o proceso mediante el que las devaluaciones de la moneda nacional (el Peso) básicamente del dólar se trasladan a los precios.

-La Tasa de Interés, cuya incidencia también se traslada – en forma directa e inmediata – a los precios porque las Empresas la incorporan como parte de su costo financiero a los valores finales.

– y los costos bancarios – representados por gastos, comisiones, tasas, recargos, mantenimiento de cuentas, tarjetas de débito/crédito, etc. – que constituyen gastos que también se trasladan al sistema de precios.

Todo este conjunto de factores es el que determina el perverso conjunto concreto de factores causales que llevan al aumento generalizado y sostenido de los precios – la Inflación – y no los aumentos de Salarios, que son una consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores con ingresos fijos.

Esto quiere decir que toda la Argentina de ingresos fijos aguanta sistemática e institucionalmente la Inflación a través de la caída de los salarios reales, lo que constituye hoy – en la práctica – uno de los ejes central para amortiguar parcialmente los gastos del Estado y de las empresas, a costa de las menores asalariados y jubilados…

Esta es la conclusión a la que llegó Guido Zack, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas, quien, junto a Martín Montané y Matías Kulfas, -el economista que se posiciona como el más consultado por el candidato Alberto Fernández-, dicen que las determinantes de la inflación en la Argentina son diversos, y por ello las explicaciones simples dejan algunas cuestiones de lado.

No se puede decir que sea un fenómeno puramente monetario, pero tampoco que se debería, únicamente a su estructura productiva poco desarrollada.

En la actualidad es probable que las variables más determinantes para explicarla tengan que ver con su componente inercial y con el precio del dólar.

También hay que sumar los salarios, pero con un rol menor, aunque detrás de todo esto, aparecen un exceso de oferta de dinero, que impulsa los precios al alza a través de una mayor demanda de bienes o, más probable en el caso de la Argentina, de dólares, como quedó claro después del 11 de agosto, hasta la actualidad.

En otras palabras, no sería sencillo identificar la relación causal entre emisión e inflación, dado que algunos sostienen que la primera genera a la segunda, mientras que otros afirman que la segunda provoca a la primera.

Sin ir más lejos, están discutiendo, al día de hoy, los economistas no se ponen de acuerdo, si la oferta hace a la demanda o la demanda hace a la oferta.

Y como le ocurrió a miles de santacruceños de pie, se dejaron llevar por la onda consumista, para hacer reparaciones o para equipar con muebles y electrodomésticos, la casa.

Otros tantos como se pudo ver en las calles de ciudad gótica,  usaron de crédito, supuestamente blandos o planes de ahorro y llegar al deseado cero kilómetro, otros organizar una fiesta de 15 o para veranear, o viajar a un destino soñado.

Para esos y muchos otros proyectos, entre el año 2006 y mediados de 2018, millones de argentinos, y también los empleados públicos y habitantes de Santa Cruz, les pidieron plata a los bancos, a través de las tarjetas y préstamos como los personales, los hipotecarios y los prendarios.

Obviamente, quedaron endeudados, respecto de sus ingresos, al mayor nivel en al menos 14 años, seguramente nadie, podía prever que luego llegaría la crisis económica. Y que lo que parecían “cómodas cuotas” se volverían, para muchos, saldos imposibles de pagar en los plazos previstos, obligándolos a incurrir en altísimos costos financieros para conseguir un poco más de tiempo.

Según los cálculos más recientes al respecto del Banco Central de la República Argentina, actualizados, desde fines de 2018 las familias del país pasaron a remolcar una deuda equivalente a 3,2 meses de sus salarios netos.

De ese total, 2,4 sueldos de deuda (tres cuartas partes) se originaron con el uso de las “tarjetas” de crédito y la toma de préstamos personales; y otro porcentaje menor, con hipotecarios y prendarios.

En comparación, en años como 2015 y 2010, las familias les debían a los bancos 2,4 salarios en promedio. Y en 2005, sólo 1,8 salarios, casi la mitad que lo actual.

El endeudamiento de los hogares, según publicó el Banco Central en su último Informe de Estabilidad Financiera, pasó en diciembre de 2018 a representar la cuarta parte (25,7%) de todos sus ingresos anuales, cuando hasta junio de 2016 era el 20,1%.

Eso es en promedio. Pero, al analizar a los argentinos en función de su nivel de ingreso, el mayor nivel de endeudamiento aparece en el 10% que menos gana: en ese grupo, el dinero pendiente de devolución pasó a representar un 46,7% de sus ingresos anuales, cuando dos años y medio antes era el 33,9%.

Según datos del BCRA, la tasa de morosidad de las familias lleva tres años y medio de crecimiento sostenido y acaba de subir al nivel más alto desde noviembre de 2009, impulsada muy especialmente por los atrasos en el pago de las líneas de préstamos personales y los tarjetas de crédito bancarias y no bancarias.

En 2015 sólo un 2,1% de esos préstamos para consumo estaba en situación “irregular” (con retrasos graves, de al menos 90 días).

Pero hacia 2018 la tasa superaba ya el 4%, este año lo inició en 4,7% y desde mayo pasó a niveles del 5,4% y 5,5%.

El escenario que va por delante, no es el mejor, -cualquiera sea el que gane en las elecciones generales presidenciales- pero sí por caso el gobierno reelecto de Alicia Kirchner, no toma alguna decisión en dar algo de oxígeno a jubilaciones y salarios, pronto, antes de lo que muchos puedan suponer, esas estadísticas de morosas serán catastróficas en toda Santa Cruz…

Que Dios nos ayude.

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